Los autos y buses, incluso abarcan la vereda. Parecía que en su desesperación, los conductores habían tratado de salir de la vía lo mas rápido posible, y al ver lo que pasaba a su alrededor no les importaba conducir por donde circulaban los peatones.
Felipe, quien dejó de seguir al Coronel, tuvo tiempo de notar que había uno que otro cuerpo aplastado debajo de estos vehículos.
Brenda saca el celular que llevaba en la cartera, en la pequeña pantalla se observan las palabras: “Señal No Disponible”. Junto a un parpadeante icono de batería agotada.
Era ilógico llevar una pistola a estas alturas, y mas aun si ya las habían perdido todas. Por eso, el Coronel, quien había decidido guiar al grupo por en medio de la pista, llevaba a la altura de su pecho el afilado cuchillo que aun conservaba. Este se acerca lentamente ante un taxi blanco y un taxi amarillo que habían chocado uno con el otro, ambos demasiado juntos como para poder pasar entre ellos. Gira a su derecha e inclina la cabeza.
10 metros atrás, Julian y Felipe asienten en manera de aprobación y todo el grupo empieza a andar en fila por el estrecho y zigzagueante camino de autos. Diana, quien va a la cabeza del grupo, empieza a caminar mirando al suelo intentando no pisar algo que produzca sonido alguno.
El Coronel Nuñez, mirando por enzima de los taxis y autos, intenta buscar una forma de llegar al otro lado, pues su camino hacia ambos lados también se encuentra bloqueado por otro par de autos accidentados. A su izquierda esta el limite con la autopista de va en sentido contrario, la cual esta igual de abarrotada de vehículos.
En ese instante el sol se asoma por sobre una nube en el cielo, solo el edificio de electrodomésticos que se encuentra entre la esquina de la avenida Abancay con el jirón Cusco los cubre con una refrescante sombra. A lo lejos, flamea débilmente la bandera sobre la grisácea Biblioteca Nacional.
Brenda guarda el celular en la pequeña cartera, al mismo tiempo que guía con la mano a Gabriela, quien evita pisar fragmentos de vidrio regados por donde iban pasando.
La madre Juana va detrás de sus dos alumnas, seguidas por Julian y Felipe.
El Coronel, como a 7 metros de Diana, se apoya sobre el capote del taxi amarillo que tenia en frente y muy lentamente, pone un pie sobre este. Al hacerlo produce un ligero ruido metálico, pero logra poner el otro pie sin mucho esfuerzo.
La enorme nube vuelve a bloquear los rayos solares, dejándolos a todos cubiertos por una ligera penumbra diurna. Diana, como a 4 metros del coronel, mira al cielo mientras continua con su marcha sin siquiera percatarse del bus a su izquierda, lleno de sangre por dentro y por fuera.
El coronel Nuñez quien ya había encontrado una posible salida, voltea a ver al grupo.
Observa como Diana pasa de largo al lado del bus, sin notar que sobre el techo de este se encuentra una anciana con los ojos blancos y con la mandíbula anormalmente abierta.
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Abril… ya amerita la entrada 24